EL DESTINO DE LA POLÍTICA PERUANA POSTFUJIMORISTA

EL DESTINO DE LA POLÍTICA PERUANA POSTFUJIMORISTA

Más allá de la asertividad del Juez Richard Concepción Carhuancho y de si la prisión preventiva de Keiko Fujimori va a ser mantenida o revocada; incluso, más allá de la suerte que corran los juicios contra la cúpula naranja, hay una cosa que parece que es inevitable, a saber, que asistimos a una profunda crisis del lo que se ha llamado el fujimorismo. Frente a esta crisis han surgido tres interpretaciones. La primera es la de José Carlos Requena (https://elcomercio.pe/politica/inicio-posfujimorismo-jose-carlos-requena-noticia-572606), que anuncia el fin del estilo fujimorista que ha gobernado el país desde los 90 hasta la actualidad. La segunda interpretación es la de Alberto Vergara, expresada en su nueva edición de su libro “Ciudadanos sin república”, en la cual da cuanta de la rivalidad entre republicanos frente a hortelanistas. La tercera interpretación, defendida por Miklos Lucaks, señala de manera delirantes, pero con un discurso que tiene arraigo entre los seguidores de los fujitroll, que la caída del fujimorismo podría representar el avance una imaginaria alianza entre caviares y Antauro Humala, y por lo tanto, deberían salir los militares a las calles para evitar es supuesto descalabro..  

De estos tres discursos, los dos primeros pueden ofrecer interpretaciones plausibles y ambas se pueden articular en un relato coherente. El tercer discurso es claramente tendencioso y está dirigido a que la ciudadanía regrese a apoyar al fujimorismo, por el temor de que nos volvamos en una Venezuela. Este tercer discurso, a diferencia de los dos anteriores, no está dirigido a comprender lo que está pasando, sino a reflotar un fujimorismo que se está hundiendo irremediablemente.

José Carlos Requena señala con cierta lucidez que uno podría entender los últimos 28 años de la historia política peruana como la continuación del modelo fujimorista, es decir, la continuación de las políticas neoliberales, siguiendo el llamado piloto automático en un tipo de política gobernada por la economía que está mostrando su agotamiento. En este contexto, el fin del fujimorismo es el fin de ese proyecto de país que ha desfondado la política nacional y ha llevado a la crisis generalizada a causa de la corrupción. El síntoma de esta crisis es que los ciudadanos perciben que el problema más importante del país es el de la corrupción, que se expresa claramente en ya no aceptar la frase “roba pero hace obras”. Se podría señalar que la elección de Muñoz como próximo alcalde de Lima es una muestra de ese artasgo contra la corrupción, lo mismo que el apoyo al presidente Vizcarra, debido a que está enfrentando al Congreso de la República, institución asociada con la corrupción).

Alberto Vergara, por su parte, presenta de qué manera desde la caída del Fujimorato se han enfrentado dos modelos de país. El primero fue el liderado por Valentín Paniagua y que era a todas luces de carácter republicano. Dicho proyecto buscaba fortalecer las instituciones, que habían sido destruidas por el régimen de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos, y volver a profesionalizar a las FF. AA. y a la Policía Nacional, que habían sufrido el embate de la corrupción interna y que se habían vuelto vulneradores de los DD.HH. en periódos específicos. Además, el proyecto republicano de Paniagua significaba reconstruir las relaciones democráticas entre los ciudadanos y el Estado. Pero, con el fin del corto gobierno de transición y desde el gobierno de Toledo el proyecto republicano fue reemplazado por el modelo que Vergara denomina “hortelanista”, que representa la quiebra del proceso de democratización del país para dar paso al proyecto de las empresas, especialmente las extractivas. El momento culminante de este proyecto se dio en el segundo gobierno de Alan García, caracterizado por su discurso hortelanista (el del perro del hortelano), que colocó al gobierno y a las empresas en contra de la población y destruyó todo intento de democratización de la sociedad con el discurso de que los intereses de los empresarios representan los intereses nacionales que hay que defender en contra de los enemigos tanto externos como internos. Durante el gobierno de Humala, el hortelanismo siguió su camino campante y con el ascenso del fujimorismo el hortelanismo se volvió lumpen.

Si asociamos los discursos de Requena y de Vergara, lo que tenemos que es el hortelanismo fue el discurso que impuso el Fujimorato y que tuvo un breve paréntesis entre el gobierno de transición. Una vez terminado dicho gobierno, los impulsos hortelanistas siguieron adelante, con grados cada vez mayores de corrupción que dicho modelo representa. En los últimos años, el hortelanismo concentró mayores índices de corrupción en el florecido fujimorismo, lo cual ha hecho que el partido naranja deje de representar los intereses empresariales exclusivamente, para representar los intereses de los mismos líderes del partido, especialmente el que la justicia no los alcance. Ese esfuerzo ha terminado generando el alegamiento de las bases fujimoristas del partido, y el consecuente rechazo generalizado de la población.

En este contexto, un fujimorismo populista sin apoyo popular significa la bancarrota del partido, lo que implica que hoy la lideresa se encuentre con orden de prisión preventiva. En el fondo, la radicalización del hortelanismo que el fujimorismo estuvo impulsando desde el congreso, junto con la cólera que les generó el haber perdido las elecciones, la prepotencia y sus conexiones ilegales y delincuenciales a terminado con generar una crisis no sólo de la tienda naranja, sino del modelo que perduró 28 años en el país. Es difícil pronosticar qué sucederá después de esta crisis y una vez que se consuma el fin del fujimorismo y del hortelanismo. Pero, de seguro que no será necesario hacer lo que Lucaks sugiere, a saber, pedir que los militares irrumpan en la escena política, puesto que la política del fujitollismo también se encuentra completamente desgastada.

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